Volviendo a lo simple, por necesidad

Me ha gustado mucho la nueva publicidad de Carrefour en la que se apuesta por lo simple, por volver a lo esencial del producto. Y me ha hecho recordar con nostalgia aquellas clases de marketing en que aprendíamos las cuatro categorías de productos según Levitt: producto genérico (cubre necesidades básicas), producto esperado (= el genérico + cubrir expectativas del cliente), producto aumentado (=el esperado+cosas que lo diferencian) y producto potencial (=el aumentado + todo lo que nos podamos imaginar para ganar y retener clientes).

El caso es que hemos vivido y -aún vivimos en muchos sectores- una época en la que el foco está en la diferenciación e innovación en los productos,  en la que la lucha consiste en ofrecer más valor a los clientes. Una época, en definitiva, de obsesión por ofrecer más prestaciones, de la práctica del “quién da más”,  en la que cabe todo lo imaginable. Incluso hasta los valores emocionales y  el jugar con las sensaciones. Eslogans como  “el placer de conducir” -y ni siquiera recuerdo si es de BMW o de Audi- son un buen exponente de ello. ¿Cuántas veces hemos visto un spot de televisión en el que no hemos llegado a entender el mensaje o las ventajas del producto? o ¿cuántas funcionalidades tienen nuestros móviles o electrodomésticos que el común de los usuarios nunca utilizamos?

Por eso me ha encantado ver el anuncio de Carrefour, la vuelta al producto genérico sin más sofisticaciones, ni sutilidades, ni accesorios que no sabemos hasta qué punto nos dan mayor valor o quizá nos lo quitan…. Obviamente el contexto económico actual nos marca una fuerte tendencia hacia el low-cost,  la austeridad, la reducción de gama. Ya hay quienes llevan tiempo sacando partido de la situación (Primark, Mercadona, aerolíneas de bajo coste, establecimientos de descuento…) y otros que se suman al carro potenciando estrategias de marca blanca (Corte Inglés incluido).

Logo Dia del EmprendorAquí me gustaría añadir la reflexión que el otro día Pablo Villoch hizo en la conferencia que, con motivo del Día del Emprendedor en Bilbao, nos ofreció sobre “Emprendizaje sostenible“: ¿no podemos vivir con menos? ¿cuántas necesidades superficiales deseamos cubrir para luego darnos cuenta de que no somos más felices? Y puso un buen ejemplo: ¿cuántas veces utilizamos un taladro en nuestra domicilio? ¿es realmente necesario tener uno prácticamente en cada casa? ¿sabemos el impacto que la fabricación de estos electrodomésticos ha ocasionado en el medioambiente? ¿por qué no compartir el taladro del vecindario?

Y también me viene a la cabeza el último informe de la Fundación de la Innovación Bankinter sobre “Innovación social y sostenibilidad”. En él, ya se apuntan nuevos modelos de negocio basados en lo simple, como impulsores de un cambio global que garantice un desarrollo sostenible. Facilitar el acceso a las personas de ingresos bajos a una mayor oferta de productos y servicios es una manera de incidir directamente en su calidad de vida y en su manera de ganársela.
En ese ámbito, el estudio destaca algunos modelos de negocio innovadores, como el pay-per-use, que permite pagar Resumen Ejecutivo Innovacion Socialun pequeño precio por usar un servicio o producto sin la necesidad de adquirirlo (en el caso citado del taladro podría ser el alquiler cuando se necesite); el modelo no frills service (servicio sin florituras o el mencionado “producto genérico” de Levitt) que cubre las necesidades de las personas de rentas más bajas a precios muy competitivos gracias a un recorte en los extras, pero manteniendo la calidad; o el modelo paraskilling, que desagrega procesos de negocio en tareas más simples que puedan realizar trabajadores con escasa cualificación.

Por lo tanto, las necesidades de los consumidores cambian por la dinámica económica en los países occidentales y por el desarrollo en los países emergentes. El marketing, como siempre, está para anticiparse y responder adecuadamente a ellas. En nuestra sociedad occidental parece que tendremos que hacer muchas renuncias, se habla ya de que nuestros hijos no podrán disfrutar del mismo “nivel de bienestar” que nuestros padres consiguieron para nosotros. Y muchos hablan ya de que quizá esa vuelta a las cosas sencillas, precisamente les dé un mayor bienestar, más basado en la esencia de las cosas  y no en la apariencia de las mismas…

La pregunta es: ¿hasta dónde estamos dispuestos a renunciar a los extras? Antes de responder, tal vez deberíamos pensar, como decía mi querido Pablo, que nosotros sí somos responsables del mundo que queremos dejar a nuestros hijos. Al fin y al cabo, y en sus propias palabras “nuestros padres no eran conscientes de las consecuencias ecológicas de la era de la producción en masa. Nosotros sí”.

Cristina Fernández – Comunidad de Marketing Ekonomista 2.0

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2 Respuestas a “Volviendo a lo simple, por necesidad

  1. Muy bueno tu post. Hay un libro de Jack Trout que se titula, “El poder de lo simple”, que aunque va en otra linea, tu artículo me lo ha hecho recordar. Saludos.

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